Relatos Urbanos: Santiago Underground – Cine Porno

Le pedí a mi amigo Nicolás, estudiante de Derecho de la Universidad de Chile, que comprara las entradas al cine. Me dio vergüenza, algo muy raro en mí. Agarré firme las manos de Nico y bajamos las escaleras. No llevábamos  ni Crispetas, tampoco gritábamos el nombre de la película que íbamos a ver. Lo que más quería era pasarla bien, pero no lo logré.

Todos nos miraban. Desde el hombre que nos cortó el ticket hasta el que indicaba la sala de la película. Yo era la única mujer en todo el cine. Los demás eran viejos y jóvenes de diferentes orientaciones sexuales. Todos eran hombres. Hombres excitados que ya se habían desabrochado los cinturones y los calzoncillos para ver Diabólicamente Anal, la nueva película del Cine Mayo, ubicado en Monjitas 879,  a solo pasos de la Plaza de Armas de Santiago.

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Al llegar a la sala quedamos impresionados. El lugar era muy oscuro, tanto que tuve que afirmarme de Nicolás para no caerme. Él iba alumbrando el camino con su celular. Pero poco a poco nuestros ojos se acostumbraron y nos dimos cuenta de que era la sala de cine más grande que habíamos visto. No estaba llena y los menos de treinta hombres que estaban ahí se sentaron con la mayor separación posible.


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El supuesto estreno era más bien un compilado de escenas porno ambientadas en los años 80. Tríos: dos mujeres y un hombre. Luego, dos hombres y una mujer. Después, los típicos disfraces y fetiches: enfermeras, policías, profesoras. Algunos pocos videos homosexuales o transexuales.

En el lugar nadie aparentaba tener pudor ni tampoco seguir las reglas. Varios fumaban sus cigarrillos y pitos tranquilamente luego de masturbarse y gemir como si el mundo se fuera a acabar y ellos necesitaran eyacular antes que eso ocurriera. Estaban excitados. Más que por la película, por poder tocarse en un cine. Y por saber que muchos otros estaban haciendo lo mismo a su alrededor.

Agorafilia: atracción por realizar prácticas sexuales en lugares públicos.

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Nunca me había sentido tan incómoda viendo una película. Se supone que el lugar era para liberarse, pero lo que menos sentí fue eso. Luego noté que mi amigo cruzaba las piernas muy seguido. Las apretaba como escondiendo algo.  Me di cuenta de que se estaba calentando, por lo que decidí moverme  hacia una esquina de la sala.

Una hora y media después, la película se terminó. Sentí ruidos de cierres y cinturones. Las luces se prendieron. Algunos gritaron. Otros no tenían fuerza para emitir ni un sonido más. Pasaron cinco minutos y ninguno de los caballeros se levantó. Parecían estar en huelga, como si no fueran a salir jamás.

Decidimos contar hasta tres y levantarnos. Las miradas volvieron hacía nosotros. La caminata del asiento hacia la puerta pareció tres veces más larga que al momento de entrar al cine. Me sentía una intrusa. Ese espacio “era de hombres y para hombres”.

A la salida, comentamos la experiencia. — ¡ Me miraron con una cara de odio. Me habrían matado si pudieran! —, me dijo Nicolás.

Las chicas también disfrutamos de la pornografía. Un estudio llevado a cabo por la revista brasileña Glamour, señaló que un 87% de las mujeres, entre 25 y 39 años, ven porno como parte de sus hábitos sexuales. Sin embargo, más del 70% de ellas mantiene esa información en secreto.

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Crónica urbana por Amanda Marton.
twitter.com/amandinhamarton

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Gracias Amanda! Disfruta la Experiencia

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1 Comentario

  1. […] Sacar la tv de la habitación. Apagar y desconectar todo lo que distraiga. La cama es para dormir, follar, y en algunos casos comer. Aquí no se revisa instagram ni se mandan mensajes por el chat del Facebook. Aquí se viene a pasarlo bien. Podemos calentarnos con las CRÓNICAS URBANAS: SANTIAGO UNDERGROUND I […]


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